¿Cuánto sudan la camiseta los diputados de Sevilla en el Congreso?

sevilla report | Ahora que el descontento de los españoles con los políticos arrecia y se acrecienta avivado por los recortes, la crisis que sigue fagocitando el país sine die y, para colmo de males, con el bochornoso espectáculo que algunos representantes públicos dan en el Congreso, en sevilla report hemos estado reflexionando sobre todo ello y hemos acabado haciéndonos una pregunta que de seguro es tan vieja como extendida: ¿qué hacen los diputados que hemos elegido en las pasadas elecciones del 20 de noviembre en la provincia de Sevilla?

De este modo, ni cortos ni perezosos -hace falta no serlo para indagar sobre cuestiones así-, hemos armado un zafarrancho de búsqueda y hemos arramplado con todos los datos disponibles en la web del Congreso de los Diputados acerca de los doce representantes de nuestra provincia en la Cámara Baja.

Cuando uno se pregunta a qué se dedican los diputados, lo normal es que alguien responda lo -supuestamente- obvio: a representar al conjunto de los ciudadanos que los han votado (y, también supuestamente, a los que no) y a los intereses de dichos electores. Pero lo cierto es que de inmediato surge una nueva cuestión: cómo representan a los ciudadanos. En sevilla report no sólo hemos querido responder a esta pregunta fijándonos en cuál es la actividad de cada uno de los diputados sevillanos en el Congreso. También, especialmente, hemos querido saber cómo enfocan esa actividad para solucionar los problemas de la provincia que los ha enviado con sus votos a la Carrera de San Jerónimo de Madrid.

La respuesta completa a esta intrincada pregunta, cómo no, en sevilla report.


Sevilla hierve, y no sólo por la calor

sevilla report | Movilizarse en Sevilla al mismo tiempo que una ola de calor africano derrite sus calles milenarias debe ser lo más parecido a la antesala del infierno que se conoce. Ayer, con la ciudad bajo los efectos de una flama realmente insoportable y convocados por las centrales sindicales mayoritarias CCOO y UGT bajo el lema “Quieren arruinar al país, hay que impedirlo, somos más”, miles de sevillanos se lanzaron a las calles para expresar su protesta ante los últimos recortes aprobados por el Gobierno de Mariano Rajoy.

Como cada vez que se produce un acto de este tipo, la guerra de cifras no faltó a su cita con los manifestantes, si bien la Delegación del Gobierno se negó a dar datos en esta ocasión y los ofrecidos por los convocantes oscilaban, según la fuente consultada, entre los cincuenta y cien mil asistentes. Lo cierto es que la afluencia fue masiva, con las riadas de personas que fluían a través de las avenidas que rodean al casco histórico de la ciudad desde mucho antes de la hora de inicio.

Este medio, que es dado por norma a dejar las cifras para quienes interesadamente hacen de ellas armamento pesado para la lucha política, sí está en condiciones de afirmar que nos encontramos ante una de las movilizaciones más multitudinarias de las acaecidas en Sevilla en los últimos tiempos.

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Cuando uno no quiere, dos no se pelean

sevilla report | Es la mejor frase para resumir lo ocurrido en el congreso del PSOE de Sevilla durante la pugna de Susana Díaz y Antonio Gutiérrez Limones, los dos aspirantes a la secretaría general de los socialistas sevillanos.

Ante un plenario conformado por 409 delegados y un nutrido grupo de invitados, y ante una mesa del congreso presidida por el portavoz del grupo municipal socialista en el Ayuntamiento de Sevilla, Juan Espadas, ambos dirigentes se subieron al atril de manera muy distinta, al menos en relación a cómo habían sido los discursos de cada uno en los actos de presentación de sus respectivas candidaturas.

La primera en intervenir fue una Susana Díaz pletórica, con un discurso bastante bien estructurado y al que supo dotar de la dosis de emotividad necesaria para que el plenario la interrumpiera con aplausos en varias ocasiones. “Sentir Sevilla”, el lema de su candidatura, afloró cada dos por tres a lo largo de una intervención que despegó con un “hoy vamos a ganar todos los socialistas de Sevilla, porque hoy va a ser un congreso de la militancia”.

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Susana Díaz, al asalto de la secretaría general provincial del PSOE en Sevilla

sevilla report | Cuando José Antonio Griñán acudió como secretario general del PSOE-A al 38 Congreso Federal que se celebró el pasado febrero en Sevilla, guardaba dos órdagos bajo el brazo: uno, el de apoyar a Carmen Chacón en su carrera hacia la secretaría general del PSOE, que perdió; y otro, el de agotar toda la legislatura y no convocar las elecciones andaluzas junto a las generales, que le salió bien.

Durante aquella travesía, que muchos dirigentes socialistas consideraron demasiado arriesgada y que iba a suponer la defunción política del veterano dirigente socialista, le acompañó, siempre como fiel escudera, la hasta ayer Secretaria de Organización de los socialistas andaluces y actual consejera de Presidencia de la Junta de Andalucía, Susana Díaz.

Hasta ayer precisamente porque fue entonces, ante alrededor de doscientas personas que abarrotaban la sede provincial del partido, en la calle Luis Montoto, en una tarde de calor sofocante, cuando Susana Díaz hizo oficial su candidatura a la secretaría general de ese corral de gallos que ha sido siempre el PSOE sevillano.

Con el presidente del partido y de la Diputación de Sevilla, Fernando Rodríguez Villalobos, haciendo de anfitrión y con una amplia representación del equipo de Griñán a su lado para mostrar músculo, Susana Díaz desbrozó un discurso casi sin florituras retóricas y que recordó en ocasiones al que Carmen Chacón pronunció en aquel congreso que perdió por un escaso margen de votos, aunque eso sí, sin levantar tanto la voz.

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La encrucijada de Izquierda Unida en Andalucía

sevilla report | El de los recortes que va a aplicar el nuevo Gobierno de la Junta de Andalucía está siendo el primer culebrón de un verano que se presenta bastante calentito en lo social como en lo político, y no precisamente por el viento que abrasa la cara en las tardes de Sevilla, o porque las noches de nuestra ciudad sean más infernales que los días en buena parte del país.

El final de esa larga culebra, a modo de corolario, es la disputa interna de Izquierda Unida a causa del apoyo de la dirección del partido, encabezada por Valderas, vicepresidente del Gobierno andaluz, a los recortes contemplados en el plan de ajuste de la Junta de Andalucía, con una reducción de 747 millones en las nóminas de los funcionarios autonómicos.

Durante la última semana, las críticas contra este apoyo entre las bases del partido se han sucedido desde el clamor inicial hasta sofocarse en cierto modo tras la última reunión de la dirección de la coalición en Andalucía. Incluso los críticos con el sí de Valderas a los recortes, caso del vicesecretario general del PCA, Juan de Dios Villanueva, han aceptado esta postura como conveniente.

Al fin y al cabo, todos tienen claro que la disolución del Gobierno bipartito es una opción impensable en estos momentos, a pesar del órdago que, en un principio, lanzó Valderas poniendo sobre la mesa la ruptura del pacto. El propio vicepresidente andaluz pone de manifiesto la cruda realidad en su carta dirigida la militancia el pasado viernes: “Para avanzar socialmente debemos seguir siendo una fuerza de lucha y de Gobierno”. También Villanueva, desde su postura crítica, deja muy claro ya en el título de su artículo en la web del PCA de Sevilla que “no se trata de «Gobierno sí» o «Gobierno no», sino de cómo se gobierna”.

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El debate sobre el estado de la ciudad: entre el ruido y la furia

sevilla report | En esta urbe anclada en el estereotipo impuesto desde fuera y alimentado desde dentro, recurrente como pocos es el tópico del ser barroco de Sevilla, ese permanente claroscuro y contraste que es capaz de enfrentar, como dos conceptos antagónicos, los bloques del barrio más pudiente con las paredes ocres de uno de los más humildes en la misma calle. Pero es que la ciudad se empeña en dejar constancia de ese alma contradictoria con mañanas como ésta, fresca a la sombra del Ayuntamiento, precisamente el día en el que más caldeada estaba, como se suele decir, la cosa.

Casi con una resaca de la noche en la que se celebró el Día de la Música y decenas de conciertos pusieron banda sonora a la ciudad, Sevilla se despertó con una sinfonía propia de este verano recién estrenado, ese murmullo de paseantes bajo un ejército de golondrinas que rasgaban el aire con sus graznidos. Apenas 15 minutos antes del comienzo del primer debate sobre el estado de la ciudad, la pereza se adivinaba en la casi solitaria puerta del Ayuntamiento, al igual que en el rellano de la escalinata del interior de la Casa Consistorial, donde los periodistas se reúnen antes de poder entrar en el salón de plenos. Allí, este cronista que les escribe aguardó solo mientras los concejales y otros miembros de los grupos fueron llegando con cuentagotas, con el temor de haberse quedado rezagado y de estar perdiéndose un acontecimiento al que, por novedoso, nadie había querido llegar tarde.

Resultó, más bien, ser todo lo contrario. Los informadores fueron copando el rellano con sus cámaras poco a poco, entre una expectación disimulada y la perplejidad de no encontrar, precisamente, más acogida entre este debate que, se presume, supondría la oportunidad de poner sobre el tapiz los asuntos que más preocupan a los sevillanos. En esos momentos, en Twitter algunos dudaban de que ni siquiera el mismo alcalde tuviera interés en asistir, por no haberlo confirmado previamente.

La crónica completa del primer debate sobre el estado de la ciudad, cómo no, en sevilla report.


El 15M avanza con paso firme tras cumplir un año

sevilla report | La Sevilla eternamente barroca, la que implanta la carrera oficial en su Semana Santa, la que canoniza a San Fernando y lo hace patrón de la ciudad, aquella que se decanta, ante las disputas entre franciscanos y dominicos, por las Inmaculadas de Martínez Montañés y de Murillo, es un dicho recurrente en boca de quienes la adulan.

Pero a los motivos históricos y de tradición artística, monumental, propiamente urbana, hay que añadirle otros más intrínsecos al alma y al ser profundo de una ciudad que sólo conoce quien la vive o la sufre, que es otra manera de sentirla y, por tanto, de amarla. Así es el alma sevillana: siempre cerrándose sobre sí misma en círculos cada vez más concéntricos. Más que por las tallas de imagen, por los frontispicios de las iglesias y los palacios, más que por ese carácter magnificente de la ciudad que llega al nivel de lo exagerado o por ese claroscuro continuo que sume al paseante en una infinita sorpresa, Sevilla es barroca por sus singulares habitantes, expertos en la tradición de convertir la más rizada de las volutas en una mera anécdota y, al mismo tiempo, escenificar una pose hasta el histrionismo y convertir la tramoya, el puro artificio, en la más genuina y auténtica de las realidades. Sevilla siempre en sí misma, pero nunca para sí misma.

El 27 de marzo del año 2011, tras casi cuatro años de retraso, el entonces alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, inauguró el Metropol Parasol (las conocidas como “setas” de la Encarnación) entre expectativas, tanto oficiales como entre los propios sevillanos, de que la nueva Plaza Mayor se convirtiera en el flamante epicentro de la vida callejera de la ciudad.

Lo que tardó cuatro años más de la cuenta en levantarse y costó bastantes millones de euros más de lo previsto, un símbolo del dispendio de los años de grandes proyectos y la megalomanía que enladrillaron este país, se convirtió finalmente en el corazón de la urbe gracias a los miles de sevillanos que, tarde sí y tarde también durante casi un mes, abarrotaron la plaza y las escalinatas, aunque no precisamente en la forma y con el objetivo que más hubieran querido los gobernantes hispalenses.

Igual que en aquella Sevilla del siglo XVII que menospreció a la corte para alabanza de los aldeanos, de pronto y sin aviso previo, decenas de miles de sevillanos se lanzaron a la calle la tórrida tarde del 15 mayo de 2011, al compás de otras muchas ciudades de España, y ocuparon las escalinatas y todo el entorno urbano del fastuoso Metropol Parasol. La plaza fue bautizada “Plaza de Mayo” por quienes hicieron de ella su casa, como símbolo inequívoco de conquista popular. Les bastó para ello tapar una ere sobrante e intermediar la preposición “de” entre las dos palabras que conforman su nombre.

Como hongos bajo las setas que tardaron años en izarse, miles de moradores de la ciudad brotaron de la nada para, clamando por su dignidad y contra esta crisis que consideran una estafa, echar abajo el sambenito impuesto por cierto columnista local, que persiste en tachar a Sevilla de ciudad “tragona” y “cobarde”.

Al igual que cuando el nacimiento del barroco, la ciudad y todo el país estaban sumidas en una profunda crisis, que luego ahondaría con el transcurso del tiempo, y que desembocaría entonces en el motín de la calle Feria, en 1652, por la escasez y el alto precio del pan y ahora en el renacer de un movimiento ciudadano que exige más democracia y participación en las decisiones que gobiernan sus vidas, ante la manifiesta e interesada ineptitud de sus dirigentes políticos.

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