Se buscan periodistas: mucho empeño y escasas conclusiones

Jesús Rodríguez Gregorio Verdugo. A la hora torera, las cinco de la tarde de un mes de abril en Sevilla, en pocos lugares hace tanto calor como en un aula de Facultad de Comunicación. Ayer viernes, el aula 3.4 no iba a ser una excepción, a pesar de sus bonitas y refrescantes vistas a lo que fue el recinto de la Expo’92.

Algo más de cien periodistas venidos desde diferentes lugares de Andalucía se dieron cita allí, bajo el lema “Se buscan Periodistas”, para debatir y buscar posibles soluciones a la grave crisis que atenaza a la profesión. Muchas caras conocidas y mucho avatar desvirtualizado en una convocatoria pletórica de ilusión y esperanza y que, al final, tampoco despejó demasiadas dudas.

Eso sí, los periodistas, por fin, parece que están dispuestos a moverse y eso quedó bien patente en la intención de volver a repetir el encuentro y en la creación de diferentes grupos de trabajo que se encargarán de canalizar los proyectos que vayan surgiendo, para que pueda integrarse todo aquel que esté interesado.

Fue Rafael Rodríguez, presidente de la Asociación de la Prensa de Sevilla, quien introdujo el acto explicando que la iniciativa estaba abierta a cualquier periodista de Andalucía y que están dispuestos a escuchar todos los proyectos para asesorar, apoyar y llevarlos hasta sus últimas consecuencias. “No debemos pensar en trabajar gratis ni en explotar a nadie, y no debemos apoyar algo así”, dijo.

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Los periodistas no son noticia


[vídeo: sevilla!report]

Jesús Rodríguez / Gregorio Verdugo. Que los periodistas nos hagamos oír -o queramos hacerlo- siempre es buena noticia. Al fin y al cabo, el oficio del periodismo consiste en mostrar la verdad del mundo a través de nuestra voz. Seguro que hay muchos a los que, por un motivo u otro, no les gusta que estemos nosotros por medio. Pero es lo que hay. Alguien tiene que hacer ese trabajo sucio de limpiar el mundo, y para eso estamos los periodistas.

Pero en el gremio hay unas cuantas máximas (el rumor no es noticia, hay que contrastar la información…) que cada vez son más obviadas. Entre ellas, la de que los periodistas debemos dar la noticia, pero no debemos constituirla o formar parte de ella.

Quién duda de que concentraciones como la de ayer en la Plaza Nueva de Sevilla son necesarias para dejar claro que aquí estamos, que nuestra labor es precisa para que exista otro bien fundamental: la información veraz. Pero estas quejas, en la calle o en las redes o en la redacción o en los congresos o en comunicados de las asociaciones de la prensa, no pueden ser la norma. Mientras no podamos dejar de ser noticia por la precariedad de nuestro oficio, se puede admitir que lo seamos durante un día. Pero no permanentemente.

Los periodistas nos hemos acostumbrado a llorar sobre nuestras miserias, a quejarnos de lo poco que cobramos, a decir (y escuchar) día sí y día también que el periodismo está en crisis y también que la abuela fuma. Llevamos años con la misma cantinela y aquí nadie se da cuenta de qué es realmente lo que tenemos delante de las narices, que no es otra cosa que la solución a muchos de los problemas del periodismo (y de los periodistas).

Es obvio que el periodismo, como la sociedad, está en crisis. Pero entendamos esta palabra etimológicamente: estamos en un cambio, que no será fácil, mucho menos porque los periodistas nos hemos acostumbrado a trabajar ocho horitas y a casa, a estar encerrados en redacciones a donde nos llegaban teletipos con información mascadita, y a veces el máximo esfuerzo que había que hacer era ir a una rueda de prensa, y ya por últimos no hacíamos -o no nos dejaban hacer- ni el esfuerzo de preguntar.

Dicen que Internet, que el modelo de negocio, que la publicidad. Mentiras y excusas. No es de recibo que la Asociación de la Prensa de Sevilla diga que “es evidente que (…) la irrupción de las nuevas tecnologías de la comunicación (…) siembran de dudas nuestro horizonte y amenazan seriamente la viabilidad de nuestro oficio y, por ende, a la salud democrática del país”. ¿Para qué lumbreras es evidente esto? ¿Cómo que amenazan la viabilidad de nuestro oficio y la salud democrática del país? ¿Qué nos hemos creído, semidioses que somos imprescindibles e intocables? ¿Que sólo con nuestra mera presencia estamos garantizando una sociedad informada?

Internet es lo mejor que le ha pasado al periodismo y a la sociedad desde la invención de la imprenta. Si la Red perjudicara en algo al periodismo, a la democracia y a la sociedad sería porque algunas personas están haciendo mal uso de ella. Y los periodistas tenemos que buscar nuestra responsabilidad dentro de los perjuicios que esté trayendo Internet.

No hay periodismo de papel y periodismo digital. Los dos únicos periodismos que hay son el bueno y el malo, y el soporte no importa. Lo que falla no es la herramienta, sino el ejercicio que se hace con esa herramienta. Lo que falla es el periodismo que estamos haciendo.

Los periodistas, en vez de demostrar el buen oficio que -sé que- tenemos, nos dedicamos a llorar, a maldecir a las empresas, a decirles que tienen que mejorar nuestras condiciones de trabajo, y no nos damos cuenta de que los grandes medios están obsoletos, no por no haberse sabido adaptar a la Red y a un nuevo modelo de negocio, sino por no saber hacer el periodismo que de verdad quieren los ciudadanos, que es el mismo periodismo de calidad que nosotros reclamamos una y otra vez, ni en este nuevo soporte ni en el anterior.

Los periodistas, como cantamos los andaluces en nuestro himno, queremos volver a ser lo que fuimos: hombres de luz que a los hombre alma de hombres les dimos mostrándoles esa misma luz de la verdad del mundo que sólo con el buen ejercicio del periodismo puede mostrarse. Por eso quizá deberíamos dejar de patalear ante las empresas y darnos cuenta de que a quien tenemos que llamar la atención sobre la necesidad de que haya un periodismo de calidad es a la misma sociedad.

Digámosle a los españoles que si quieren dejar de ser engañados, si quieren dejar de ser meros peones ejecutores de la opinión de un puñado de directores de diario y columnistas con ansias de poder, si quieren saber qué demonios está pasando delante de sus narices, para eso nos necesitan a los periodistas, las herramientas que construyen el periodismo. Dejémosle claro que los periodistas comen y que para conseguir todo eso es preciso que la sociedad nos apoye.

Y nosotros hemos de dejar de quejarnos de nada y empezar a dar a la sociedad razones para que confíen en este oficio y en el trabajo de quienes lo hacen. Dejemos de patalear, salgamos a la calle y hablemos con la gente. Y luego tejamos las historias, y devolvamos a la ciudadanía el poder que da la información. Medios no nos faltan. ¿Nos faltan ganas? Creo que tampoco.

Ánimo, compañeros: levantémonos y empecemos a trabajar. Hay un mundo ahí afuera y es preciso contarlo.


[vídeo: Juan Blanco y Paula Velasco]


Los campos de trabajo de Corea del Norte

La revista Vice publicó hace un par de semanas un estupendo reportaje sobre los campos de trabajo que Corea del Norte tiene en Siberia, en el extremo oriental de Rusia, y a los cuales el Estado norcoreano destina a trabajadores como medio para ganar dinero. En este enlace pueden verse los siete capítulos del reportaje con subtítulos en español. | vía Jake Soulinake


¿Quieres ser periodista sin estudiar Periodismo? [Réplica a Gabriel Corbacho]

Mi compañero y amigo Gabriel Corbacho hace en su blog una crítica sobre el oficio de periodista y su desprestigio, a colación de los másteres que convocan diversos diarios y a través de los cuales, previo pago de una nada simbólica cantidad de dinero, cualquier licenciado, sí, cualquiera, puede ser periodista. Es una crítica que, cómo no, comparto, mas con algunos matices.

Él mismo da en el clavo de un aspecto que es clave, cuando habla de los conocimientos profundos, técnicos y específicos de una profesión que deben conocerse para poder ejercerla, como sucede en el caso de la medicina, el derecho o la ingeniería, por poner tres ejemplos. Precisamente la gran mayoría de los licenciados en Periodismo sale de la Facultad, tras cinco años de carrera, sin saber ejercer el oficio, y éstos de los másters quieren enseñar a la gente en unos cuantos meses lo que no se enseña en cinco años en la licenciatura.

Pero el problema, me da a mí la impresión, es precisamente ése: que los conocimientos profundos, técnicos y específicos que respecto de otras profesiones se enseñan en las facultades y escuelas, no se encuentra en la Licenciatura de Periodismo. En cinco años hemos aprendido algunas cosas útiles, sí, pero la mayoría de lo que nos han enseñado ha sido paja teórica y conocimientos que poco o nada tienen que ver con el periodismo.

Por eso pienso que no se puede pretender que para ser periodista haya que tragarse cinco (ahora cuatro) años de aprendizaje que, en su mayoría, no tiene que ver con nuestro trabajo o que es un compendio teórico para ratones de observatorio mediático, pero no para la gente que informa en el día a día sobre la realidad del mundo y de la gente.

La cosa es que el periodismo para mí no es una profesión, sino un oficio, entendido como una ocupación de artesano, a la que uno se empeña en cuerpo y alma, más allá de un horario, por dedicación, gusto, placer y vocación (que no bocación, que, como dice Juan Blanco, es la vocación de boquilla que mucha gente de la carrera dice tener por el periodismo). Una “ocupación habitual”, como dice la primera acepción de “oficio” en el DRAE.

El de la información es el único oficio que está recogido en la Constitución Española. Todo ciudadano tiene derecho a dar y recibir información. Es un derecho fundamental. Reconocer como periodista únicamente a quien tiene una licenciatura y está colegiado o asociado en el gremio no es sólo cercenar ese derecho fundamental, sino dar calidad de informador a quien tiene un papel pero, probablemente, ni sabe informar ni tiene ganas ni ha ejercido jamás ese trabajo, a pesar de contar con las herramientas que hoy nos da la web, mientras que alguien que, como nuestro compañero Gregorio Verdugo, que durante muchos años ha ejercido el periodismo sin ser licenciado, o, sin ir más lejos, el médico Carlos Herrera, que no es licenciado en periodismo, ya no podrían ejercer este oficio que, todos lo sabemos, desempeñan mejor que muchísimos licenciados.

Mal que nos pese, creo que volver a dar prestigio a este oficio y, sobre todo, conseguir que los ciudadanos vuelvan a creer de nuevo en el periodismo como un servicio público, un servicio al ciudadano, que no es otro que el objetivo que este oficio debería tener y jamás perder, todo eso es más responsabilidad de los que queremos hacer un #periodismorealya, un periodismo de, para y con las personas, lejos de las cifras, del espectáculo, de la gracieta burda, del morbo y del escándalo chillón. Los que hayamos cursado la licenciatura tendremos ventaja, pero sólo si hemos sabido aprovechar lo que nos haya podido aportar.

Como dice Bukowski, de la Facultad se sale ya parado. Llegar a ser un parado ilustrado depende de uno mismo, de ser un autodidacta, un curioso, un culillo de mal asiento. Lo que decía Roberto Arrocha: “El que no sea curioso no podrá disfrutar de esta profesión”. Y, añado yo según mi parecer, tampoco estará capacitado para ejercerla. Si no te preocupas por conocer el mundo y por aprender a contarlo de una u otra manera, entonces serás, en palabras de Bukowski, uno más en la fila de los tontos con papeles.

Que luego haya gente que se crea que por tener tal o cual papel o por ir corriendo detrás de algún famoso ya está haciendo periodismo, ya está otorgando un servicio básico de información para el ciudadano, pues a nosotros no debe irnos ni venirnos. Haz bien y no mires a quién, dice mi madre, y también que en todos lados hay gente buena y gente mala. Pero ya sabemos que por sus actos los conocerán y nos conocerán a nosotros. Así que debemos seguir haciendo el periodismo que nosotros creemos justo y necesario y esperar que nuestro trabajo dé sus frutos, aunque a nosotros nos falte el pan algunas veces (y yo me doy a mí mismo mi correspondiente palito en las costillas, dudando de que esto que digo ahora lo repita con tanta vehemencia dentro de unos años, cuando tenga el estómago vacío un día y otro y otro más).

Pero para que todo esto tenga el final que nosotros queremos, los ciudadanos también tienen que poner de su parte y entender que la información de calidad es aquella que verdaderamente les aporta algo en su vida, y no cualquier chisme barato con cuatro datos mal dados que acuda al morbo para llamar la atención del lector o el espectador. Tienen, tenemos todos (y ahí entran los también licenciados a los que va dirigida la oferta del máster que aparece en la entrada del blog de Gabriel), que comprender que el periodismo de calidad no está per se en un gran medio, igual que tener un título de licenciado no te hace periodista y que puedes serlo, y además bueno, aunque no lo tengas. Que no están todos los que son ni son todos los que están. Sin duda, ésa, la de la educación de las personas en una información libre y crítica como libre y crítico debe ser su pensamiento, es la más dura de las batallas que nos toca librar. Pero nuestro ánimo debe ser más fuerte, y estoy seguro de que, sin duda, lo es.

Résistance, compañeros.


Demócratas convencidos

En la asignatura Información y Propaganda, el profesor Miguel Vázquez Liñán nos enseñó a mis compañeros y a mí la importancia del lenguaje para manipular la opinión pública mediante la propaganda. Ciertamente, la perversión de las palabras y de los conceptos es una de las técnicas más efectivas para construir una realidad al antojo de uno.

Como decía el eslogan de CNN+, está pasando y ustedes lo están viendo (aunque no se den cuenta de ello). Hoy nos hemos levantado con la noticia de que los indignados (etiqueta inventada por los medios para identificar algo que no saben a ciencia cierta qué es o de dónde viene, porque no tienen ganas de esforzarse por saberlo) han montado el pollo delante del Palamento de Cataluña, en Barcelona.

Pero, ¿cuántos indignados? Sólo unos salvajes dentro del movimiento (o no). Aunque usted debe pensar que son el grupo, los indignados (“los violentos indignados“). Nada más que un contubernio de terroristas que acosan a los auténticos demócratas convencidos de los cuales la prensa es altavoz y garante. Kale borroka, una panda de salvajes delincuentes de extrema izquierda. Todos iguales, sin excepción. Si usted alguna vez sintió simpatía por el movimiento, siéntase culpable. Porque, además, usted es ciudadano. Ellos, además de violentos y todo lo demás, sólo indignados.

Y, a todo esto, ¿qué pollo es ése que se ha montado y que merece la más firme de las condenas ¿El de los sucesos violentos delante del Parlamento de Cataluña? No: ése y el de los sucesos no violentos, como la simple protesta contra el estatu quo. Esto no es menos que un “ataque a la democracia“, un acoso, un asedio, un asalto intolerable de peligrosos antisistemas que quieren derribar nuestra democracia perfecta del 78. No es permisible en grado alguno, pues son ilegales (no merecen la condición de ciudadanos, ni siquiera la de personas, y, por ende, no tienen derechos) y además son “una minoría (…) alentada por redes sociales marginales” (que sí, hombre, que son un cuatro gatos… ¡que te digo que sí!).

En propaganda siempre se recuerda la casi máxima de Goebbels: una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Será por eso que le gusta decir a mi padre (que no es Goebbels pero sabe más que él): que en toda mentira hay un poco de verdad. Que somos unos terroristas porque tenemos aterrorizados al stablishment. Que esto es una kale borroka (lit. “lucha callejera”) no porque seamos violentos (aunque la violencia engendra violencia), sino porque tomamos las calles, que son nuestras, para defender nuestros derechos, porque los tenemos y no somos ilegales más que para el sistema contra el cual, es cierto, estamos en contra, porque nos ningunea y no nos da opciones para vivir dignamente.

Respecto a ese acoso, asedio, asalto y ataque a la democracia del cual nos acusan, respecto a los demócratas convencidos y nosotros, los antidemócratas, les remito a aquello que más de una vez nos dijo el profesor Vázquez Liñán: todo depende de qué entendamos por democracia. Ustedes piensen lo que quieran, que para eso son libres. O no.


Aplausos contra los despidos en El Correo de Andalucía

Aplausos frente a la redacción de El Correo de Andalucía en Sevilla en la tarde de ayer para protestar contra los nuevos despidos. Va por todos los ya incontables compañeros periodistas despedidos no sólo en este diario, sino en todas las empresas periodísticas. Ánimo y valor, amigos, y a por ellos, que son pocos y cobardes. Y no tengamos miedo, pues los periodistas, aunque no lo sepamos ni creamos, tenemos el arma más poderosa que existe: la capacidad y el deseo de contar la verdad.


Todos con El Correo: ¡no más despidos!

Me enteré anoche por Juan Blanco y no pudo darme más rabia. Mentiré si digo que no llevaba tiempo esperando con angustia esta noticia. Todos andábamos con las orejas tiesas, sobre todo desde que nombraron director a Diego Suárez. Y en la redacción llevaban mucho tiempo con el runrún de la sospecha. Pero no por eso ha dejado de ser un palo enterarme de que van a despedir a más compañeros del diario en el que he pasado seis meses ya no de mi corta carrera periodística, sino de mi vida, y que además es el decano de la prensa de Sevilla.

Creo que con lo que ha dicho Juan en su entrada, poco hay que añadir. Pero entre todas las cosas que dice hay una que me duele especialmente.

Lo dije en su día, y hoy he elevado el tono: me parece obsceno que desde la dirección del periódico se jacten de haber dado el salto al 100% color -por mucho que se reduzca en paginación– justo antes de que se produzcan nuevos despidos. Es como lo de celebrar el 110 (sic) aniversario, y de resaca, un ere.

Cuando Juan Carlos Blanco, director adjunto del diario, anunció en twitter los cambios más recientes, a mí, aparte de como apuestas para mejorar la cabecera, me sonaron a una respuesta al rumor (o al menos supongamos, o sigamos suponiendo, que sólo es eso) de que El Correo y el Diario de Sevilla iban a fusionarse.

Aunque Juan Carlos, en respuesta Juan Blanco y Christopher Rivas, dijo otra cosa muy importante y significativa: hay que innovar y apostar. Precisamente lo mismo que yo le pedí, pero respecto de lo mejor en lo que puede invertir un diario: sus profesionales.

Pero el problema de El Correo es el mismo de todas las empresas periodísticas: que quienes dicen que saben que hay que apostar por un buen equipo de profesionales que hagan buen periodismo e innovar en los formatos, las narrativas y la forma de llegar a las historias (apoyar a esos estupendos redactores de la web, de lejos la mejor de toda la prensa local), los que saben que ésta es la única forma posible de salvar un diario porque es la única forma posible de que esté relleno de buena información y buenas historias, que es lo que quieren los lectores, los que son conscientes de ello están atados de manos.

Me consta de Diego y de Juan Carlos que son unos excelentes profesionales y maravillosos compañeros y personas. No cabía en mí de alegría cuando supe que ellos tomarían el timón de El Correo, y fui a la redacción a felicitarlos. Pero lamentablemente no son ellos quienes toman las decisiones. Los que deciden en los diarios son personas que no tienen idea de periodismo, directivos ciegos que creen que un diario es una fábrica de azulejos, que la solución para que la gente lea el periódico es poner colorines a las páginas como si fuera solería de cuarto de baño.

Eso pasa, y no es la primera vez que lo vemos, cuando se compra un diario para satisfacer caprichos personales y usarlo como ariete de otros negocios. Pero levantar y dirigir medios de comunicación no es jugar al Infopoly, y la información no es un juego, sino todo lo contrario. Es como el agua: un bien necesario para la sociedad pero, por desgracia, cada vez más escaso y, para más inri, más contaminado.

Esta tarde, a las 18.00, hay una concentración en las puertas de El Correo, en el 39 de la calle Américo Vespucio, frente a la Facultad de Comunicación, en la Isla de la Cartuja. También hay convocada una huelga para los días de Feria (4, 5 y 6 de mayo) y las elecciones municipales (20, 21, 22 y 23 de mayo).

Podéis seguir toda la información sobre esta convocatoria de huelga y todo lo relacionado con este nuevo ERE en el blog del Comité de Empresa de El Correo y en su perfil en Facebook.

TODOS CON EL CORREO

¡NO MÁS DESPIDOS!