22M: los estudiantes piden paso

sevilla report | Las siete de una tarde de 22 de mayo en Sevilla, cuando mayo se empeña en ser mayo, no presenta demasiadas diferencias de la más tórrida tarde de uno de los veranos ardientes habituales de la capital hispalense. En esas circunstancias, con la calina empujando hacia el asfalto a punto de ebullición, se desarrolló ayer la manifestación en protesta por los recortes en Educación implantados por el Gobierno de Mariano Rajoy, quizás la más multitudinaria de las acaecidas en las capital del Guadalquivir de las celebradas recientemente.

La protesta partió del mismo lugar en el que se inician las convocatorias del 15M y, como si de un homenaje simbólico se tratara, un guiño solapado, recorrió todos y cada uno de los lugares emblemáticos del movimiento ciudadano, incluidas las propias “setas” de la Encarnación.

La gente se agolpaba ya bastante antes de la hora prevista en la Plaza de España, custodiada por una fuerte presencia policial, justo al lado de la torre donde se ubica  la Delegación del Gobierno en la capital. Los estudiantes calentaban motores megáfono en mano, mientra que la manifestación sindical establecía su punto de partida un poco más adelante, en la glorieta del Cid.

La cantidad de pancartas desplegadas era realmente impresionante, y la imaginación de la gente a la hora de confeccionarlas, como siempre, sorprendente. “Mariano manostijeras” rezaba el lema de una de ellas sobre una fotografía del presidente del Gobierno.

Antes de que diera comienzo la marcha, un grupo integrado por algo más de una decena de ultraderechistas hizo irrupción no se sabe cómo en el interior de la Plaza de España y desató las iras de los convocados, que los increparon a coro ante la presencia impasible de la policía nacional. En el interior de la plaza, agentes de la policía cacheaban a los ultraderechistas antes de permitirles el acceso a una de las dependencias allí ubicadas.

El sol de justicia se sumó a la manifestación contra la injusticia. Primero partió la marcha sindical, con permiso para llegar hasta el Palacio de San Telmo, sede del Gobierno de la Junta de Andalucía, y a continuación la estudiantil, permitida hasta la sede del Parlamento Andaluz, en la Macarena. La visibilidad de la diferenciación entre ambas fue más que notoria y no sólo por el recorrido. Cuando la cabecera de la primera de ellas estaba lista para enfilar la calle San Fernando, aún había gente apiñada en la Plaza de España y casi sin poderse mover.

Los cánticos, coreados con la inestimable ayuda de la multitud de megáfonos con los que se había armado buena parte de la multitud, se multiplicaban con las diferentes coreografías que distorsionaban los cuerpos al acompañarlos. “Hasta los huevos, estamos hasta los huevos”, gritaban, o “Si somos el futuro, por qué nos dan por culo”.

A esas alturas, la manifestación sindical, seguida por una parte sustancial de la estudiantil, enfilaba la calle San Fernando buscando la Puerta de Jerez. El resto de la manifestación estudiantil continuaba por la ronda histórica camino del Parlamento de Andalucía.

En dicho punto, ante los ojos de los reporteros de Sevilla Report, se hizo manifiesta una separación anunciada; en la Plaza de España nos habíamos saludado con Fernando Álvarez Ossorio, último candidato a Alcalde por el Partido Andalucista, sólo, a lomos de su incansable bicicleta, y en el inicio de  San Fernando vimos a Pilar González, reciente candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía por el mismo partido, con una bandera andaluza y tras una pancarta blanca y verde y sin ninguna sigla. Los momentos difíciles que atraviesa la formación andalucista también se hicieron patentes en la marcha.

“¿Estudias o rescatas bancos?” rezaba en una pancarta a la altura de la sede del Partido Popular, frente al rectorado de Universidad de Sevilla. Otra estudiante enseñaba una en la que decía “No soy generación perdida”, a pesar de que es más que posible que lo sea de cualquier modo. Otra, más irónica, tuvo entrañables momentos de recuerdo para la familia real: “Opositando para ser yerno del rey”, se podía leer en letras coloreadas. Poco después se produjo la gran pitada del movimiento estudiantil, con sentada incluida, ante la sede de los populares andaluces.

Un manifestante ataviado con los ropajes de Robin Hood se quejaba de que “Rajoy está convirtiendo España en el bosque de Sherwood”, mientras la marea que había enfilado la ronda se acercaba a la Puerta de la Carne. Estaba claro que el viejo héroe británico se alineó contra los recortes en esta ocasión, como siempre. Ya a esas alturas de la tarde, la marcha sindical se disolvió en la Puerta de Jerez y el numeroso grupo de estudiantes que los acompañó continuó hacia las setas, mientra muchos de los primeros iniciaban el camino de regreso.

Junto a los Jardines de Murillo, un equipo de Canal Sur montó su mini-manifestación de diez personas bulliciosas tras una pancarta para que la reportera pudiera grabar su entradilla. El grupo de estudiantes mostró apoyo a los medios con la colaboración y los periodistas pusimos una vez más de manifiesto el trabajo que nos cuesta aprender.

Cuando los estudiantes llegaron a las setas, las ocuparon al igual que hace el Movimiento 15M cada vez que aterriza en su lugar emblemático por excelencia. Las escaleras y la plaza aledaña estaban a rebosar. Se detuvieron allí para corear sus reivindicaciones antes de enfilar la calle Imagen camino de la Puerta Osario, donde les estaban esperando los que había tomado la Ronda Histórica camino de la Macarena.

“Qué buenos son los policías que nos llevan de excursión”, coreaban mientras transitaban las calles del casco histórico, precedidos por un cordón policial formado por media docena de agentes a pie y dos furgones. Lo primero que hicieron, cuando los dos brazos de la manifestación se unieron en la Puerta Osario, fue hacer una gran sentada en María Auxiliadora. Era impresionante ver a tal cantidad de gente actuando al unísono y con tantas manifestaciones de alegría por cómo estaba transcurriendo todo.

Cuando la protesta alcanzó su destino final, la satisfacción era patente en los rostros algo cansados de los participantes. Apenas cabía tanta gente en las dos grandes arterias que rodean el Parlamento Andaluz y los eslóganes coreados no cesaban. Poco a poco y en pequeños grupos, la marcha se fue desintegrando. Aún quedaba por delante el largo camino de regreso a casa, pero en los corrillos que recorrían las avenidas se comentaba con satisfacción el éxito de la convocatoria y el que, por fin, el movimiento estudiantil de Sevilla había tomado el protagonismo que le corresponde.

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