Jugando a profetizar el futuro energético (II)

Esta reflexión viene a colación de la entrada de Pablo sobre el futuro de la energía. Mi intención es aprovechar dicha entrada para establecer, lejos del amarillismo y también de las tonterías propias de un escepticismo férreo, un interesante debate entre los lectores y comentaristas del blog, acerca de este tema tan sumamente importante y delicado. Por cierto, aviso de que es un tacazo gordo, así que ruego me disculpen.

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Tras la caída en desgracia del carbón como energía básica -a pesar de la creación de la CECA en 1951 y la crisis de 1973-, Europa occidental comprometió su futuro energético e industrial al petróleo y al gas. Esto se traduce en la necesidad de importar la energía de terceros países, por lo que dichos productores -especialmente los de Oriente Medio (petróleo) y Rusia (gas)-, nos aprietan las tuercas con una subida de precios, en ocasiones como chantaje para conseguir algún objetivo determinado (la clásica estrategia de Putin), aunque sin olvidar que las reservas de crudo cada vez escasean más.

Hoy, con una grave crisis económica y energética a la vuelta de la esquina, se dibujan diversas alternativas. La más viable y eficaz, a corto plazo, es la del uso del carbón, un tipo de energía de la cual disponemos de grandes reservas en la propia Europa, y que podría, a la vez, dar empleo a miles de trabajadores. Sin embargo, su capacidad energética es menor, y el coste de extracción supera al del petróleo. Así, nos surge una inevitable pregunta: ¿debería seguir la UE manteniendo el actual sistema energético? ¿Debería replantearse el uso del carbón como alternativa frente al petróleo, o bien debería prestar atención a otras fuentes de energía?

Llegados a este punto, conviene pensar, quizás, en otro tipo de energías: las renovables -o no tanto-. Comienzo con una que está recibiendo mucho protagonismo últimamente, y a la cual ya se refirió Pablo días atrás: los biocombustibles. Esta energía verde (según la publicidad con la que nos la venden), que incluye el bioetanol y el biodiésel, puede no resultar tan beneficiosa para el ser humano, básicamente porque el hecho de que esté producida a base de productos vegetales (principalmente el trigo) que son susceptibles de ser usados como alimento (tanto humano como animal).

El uso de excedentes de producción agraria para la elaboración de este tipo de carburantes impide a los países del tercer mundo erradicar la hambruna, ya sea mediante la importación de alimentos, o mediante la donación de los mismos. Esto también ocurre, en mayor medida, en caso de que las plantaciones se dediquen exclusivamente a este fin, ya que finalmente el suelo agrario (y, por ende, el sector) acabaría dedicándose únicamente a la producción de biocombustibles, y no a cubrir la demanda de alimentos -con el consecuente encarecimiento de los mismos-. Algo que supone un peligro ahora que países como China o la India, con aproximadamente un tercio de la población mundial, están incremento a pasos agigantados no sólo su consumo de energía, sino también su consumo de alimentos.

Claro, que el aumento del número y la extensión de las plantaciones destinadas a biocombustibles acarrea un nuevo problema: la falta de espacio. Un mayor consumo de energía significa un mayor consumo de terreno (que podría tener otros usos). En algunas zonas -sobre todo en el sureste asiático-, el problema del terreno se está solucionando a base de quitarle terreno a la selva. Una agresión al medio ambiente que, de todos modos, es viable, ya que disponen de suelo para llevarla a cabo.

Sin embargo, pensando en España, ¿de qué terreno disponemos? Aquí ya estamos peleándonos por proteger el suelo de la especulación urbanística. Si aquí llegara el negocio de los biocarburantes, ¿no habría un riesgo de que la especulación urbanística se volviera una especulación agraria -siempre enfocada a la producción de combustible-? Además, y por otro lado, en caso de una supuesta saturación del terreno en Europa, unida a una mayor demanda de biocombustibles, acabaríamos volviendo al punto inicial: nuestros países dependerían de los que mayor territorio y mejores condiciones poseen para la práctica de la agricultura de cara a la producción de carburante -en especial, ya sabemos, EEUU, Brasil, y los países del sureste asiático-.

Aunque este problema del suelo también lo arrastran otras energías que, en particular en Andalucía, se están potenciando mucho. Hablo de la eólica y la solar. En Sevilla, por ejemplo, hay una planta solar en funcionamiento (en Sanlúcar la Mayor), y otras dos proyectadas (una en dicho municipio, y otra más en Écija). Este boom de la energía solar en la provincia viene propiciado por la cantidad anual de luz solar de que disponemos en el Sur, y la planicie del terreno de que particularmente gozan el Aljarafe y la Campiña sevillanas (condiciones que también se dan en la isla de Sicilia, por ejemplo).

No obstante, el tema de la especulación de suelo con fines de producción energética que apunto más arriba (y aunque suene a paranoia) queda reflejado mejor que nada en el caso de la energía solar en Sevilla. Ahora mismo es Abengoa la empresa que tiene proyectadas dichas centrales termosolares, aunque no es de extrañar que pronto sean otras las empresas que pretendan dedicarse a este negocio, sobre todo si tenemos en cuenta que los resultados energéticos son mayores cuanto mejores las condiciones (en el caso de Sevilla, óptimas). Por lo tanto, resulta una paradoja que en Alemania haya más superficie dedicada a la energía solar que en nuestro país.

La energía eólica, por su parte, también cuenta con varios inconvenientes, obviando el del terreno. El mayor, técnicamente hablando, es el de los picos bajos en la producción de energía, que responden a la posibilidad de que el viento no sea el suficiente para cubrir la demada existente en un momento determinado. Evidentemente, las centrales están colocadas en lugares estratégicos, pero aún así, este supuesto es posible. Todo ello sin olvidar el famoso ‘efecto discoteca’, que no es otra cosa que el estresante efecto producido por las aspas de los aerogeneradores al tapar el sol y dejarlo pasar, una y otra vez. Este efecto, proyectado sobre las casas, es sumamente estresante, por lo que la posibilidad de colocar los molinos aprovechando resquicios de terrenos (ya que no son más que un palo muy alto, hablando en plata) queda práctitamente vetada.

A todo ello hay que sumarle el escaso uso o desarrollo, según el caso y el lugar, de las energías eólica y solar, así como la del hidrógeno, que no contamina en absoluto. La causa de esto, a veces, es la desconfianza de los consumidores, normalmente auspiciada por una campaña de descrédito fomentada por una parte del sector energético: las petrolíferas. Es irónico que un país como Estados Unidos, con abundancia de recursos energéticos de todo tipo, siga siendo de los más contaminantes y de los más dependientes del petróleo. Sin duda, la importancia de empresas como TEXACO tiene mucho que ver.

No obstante, hay una energía que sí cuenta con un amplio desarrollo y capacidad energética: la energía nuclear. Claro, que no hay ni que hacer referencia a las críticas que recibe esta fuente energética: la mayoría de las centrales carece de seguridad, la materia prima es altamente peligrosa, y los desechos y su almacenaje constituyen un grave problema. En Andalucía contamos con un cementerio radiactivo en la comarca de Hornachuelos (Córdoba). Según la empresa que lo gestiona, el cementerio es la muy seguro: esta compuesto por una piscina de hormigón armado, en la que se depositan los barriles de desechos, que a su vez se sellan con más hormigón, y luego se echa una gruesa capa de tierra encima.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que Andalucía es una región con una actividad sísmica potencialmente alta, situada casi encima de una de las fallas continentales. Aunque normalmente no hay terremotos, puede haberlos, y bien fuertes. Un temblor de tierra puede destruir no sólo estos cementerios, sino también las centrales nucleares cercanas. Y si además tenemos en cuenta que algunas -muchas- de estas centrales están obsoletas, y que no es extraño que las empresas constructoras y gestoras escatimen en gastos a la hora de construir una central o un cementerio de residuos, el temor a la sombra de Chernóbil está más que justificado.

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Hasta aquí llega esta reflexión-recuento, en la que he mostrado las alternativas, y sus defectos, ya que las ventajas nos las muestran en muchos sitios. Ahora es su turno. Me gustaría que comentaran, que dieran sus preferencias o su rechazo a estas energías, siempre justificado, y su opinión acerca de la postura que debería tomar la UE en la cuestión energética. Elucubren y debatan.

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One Comment on “Jugando a profetizar el futuro energético (II)”

  1. […] Para ello, iré introduciendo una serie de cuestiones, e iré dando respuesta con mi reflexión. Posteriormente, espero sus propias ideas. Seré breve, no como de costumbre. […]


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