El que siembra vientos recoge tempestades

Como ya todos sabrán a estas horas, hoy es noticia la aparición de las fotografías y el vídeo en el que Cho Seung-hui, el estudiante surcoreano que mató a 32 personas el pasado lunes en la Universidad Politécnica de Virginia, realizaba unas declaraciones antes de cometer la masacre.

Hoy, en la edición papelosa de EL PAIS, acompaña a dicha noticia un artículo secundario que recoge las declaraciones del armero que presuntamente le vendió la pistola y la munición a Cho. Tal armero, de nombre John Markell, realiza unas declaraciones duras y en un tono ciertamente altivo, como las que recoge el titular:

“Si las armas estuvieran permitidas en el campus, esto no habría ocurrido”

Con estas palabras, Markell pretende dejar claro que la tragedia ocurrida en Virginia podría haberse solucionado de haber podido cada estudiante portar su propio arma. Declara John que “quizá hubieran muerto una o dos personas, pero antes de que cayera la tercera, el asesino habría caído abatido por alguien con un arma”.

Resulta increíble que, tras 32 muertos y un montón de heridos, el hombre que vendió el arma al homicida ponga como solución el que el resto de la gente porte su pistola. Como si los demás estudiantes fueran angelitos que se dejaran la vida salvaguardando el orden del mundo. ¿Quién le dice a este señor que entre los muchos compañeros de Cho no hay algún otro desequilibrado, o acaso alguien con deseos de venganza, que hubieran hecho lo mismo?

Estas declaraciones no son tan carentes de sentido en Estados Unidos. Markell se basa en que la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos otorga a los ciudadanos de aquel país el derecho a -cito literalmente del artículo- “poseer y portar armas”. Así que, para este hombre, la solución a los problemas de seguridad en los Estados Unidos pasa por que todo el mundo porte en todo momento, y vaya a donde vaya, su propio arma.

Parece que en la América profunda aún no entienden que el si uis pacem, para bellum no conduce a nada bueno, y lo demuestran tipos como éste, que se enorgullece de vender instrumentos de muerte bajo la excusa de que “no matan las armas, sino las personas”. Tiene razón, pero las armas las carga el diablo, y una persona sin pistola es como un tigre sin colmillos: puede matar, pero ya no es tan probable que lo haga.

“Este es un país de armas”, afirma Markell, quien se escuda en la tradición pistolera de los Estados Unidos para defender su postura, sin entender, como no lo entiende un amplio sector de la población estadounidense, que la solución no está en darle a cada persona un arma y que la gente se tome la justicia por su mano. Ello sólo da lugar a sucesos como los del lunes. En vez de eso, y en vez de gastarse 100.000 millones de dólares en una guerra injusta, bien haría el Gobierno federal garantizando la seguridad de los ciudadanos de una forma real y efectiva, sin fobias estúpidas.

Pero, sin duda, lo que más me llama la atención es, precisamente, el final del artículo, en que se recoge la sentencia de John Markell:

“Los europeos son incapaces de entender qué pasa en este país; es como si yo le intentara explicar a usted cómo se tiene un hijo. No puedo, ¿verdad? Pues dejen de intentar averiguar cómo pensamos aquí”.

Desde luego que no lo entendemos. La sociedad estadounidense se escandaliza cada vez que sucede una tragedia de este tipo, mientras en Europa nos extrañamos más bien de que no se den cuenta de qué es lo que falla. Un país que reconoce como derecho fundamental en su Carta Magna la proliferación pública de armas es propenso a sufrir incidentes como el de Virginia. Y tal derecho es algo impensable para un país del viejo continente. No entiendo cómo en “la tierra de la libertad y las oportunidades” no ven claro esto.

También hay en esas palabras un deje de desprecio hacia todo lo europeo, un desprecio del que durante siglos han hecho gala los norteamericanos, creyendo que la europea es una civilización decadente, carente de valores y de espíritu. Quizá les vendría bien a los tipos como John Markell revisar su pensamiento y aprender ellos un poco de la forma de ver las cosas que tenemos en Europa. Quizá así entenderían los pobres que el que siembra vientos recoge tempestades.

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3 comentarios on “El que siembra vientos recoge tempestades”

  1. pablolopez dice:

    En lugar de acabar con las armas estos tipos pretenden que todos tengamos una a mano…

    Su símbolo de la paz es una pistola?

  2. CalheR dice:

    Efectivamente. En Estados Unidos hay un liberalismo mucho más radical y mucho más asentado que en Europa, y allí una cosa como la tenencia de armas se justifica apelando a la libertad. Es fácil que, quien piensa que el Estado no tiene derecho a meterse en la vida de uno, piensa que uno tiene el derecho -y el deber- de defenderse por sí mismo.

    Naturalmente, no todo el mundo piensa así. Hay iniciativas y organizaciones contrarias a la libertad de armas, pero es un tema políticamente espinoso y es difícil encontrar un político que se atreva a prohibirlas.

    Así que Estados Unidos seguirá siendo el país occidental con más homicidios, y cada cierto tiempo volverá a ser noticia una matanza en un campus. Hasta que alguien, como se dice aquí, “ponga los huevos encima de la mesa”.

    Lo de el desprecio de americanos a europeos yo creo que, más bien, es mutuo. Aquí también es habitual que la gente piense que los yankies son gilipollas, violentos, y gordos, todos ellos.

    Tenemos que intentar entendernos un poco mejor, unos a otros ;)

    Un saludo Jesu.

  3. FeRnAn dice:

    Ayer puse ese ejemplo en un comentario en la entrada de Pablo, la verdad es que es muy fuerte que se pretenda luchar contra la violencia con más armas, absurdo.


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