La ley del toque de queda

La indignación me colma, como bien diría el gran Dani. Ayer emitieron en España directo un reportaje sobre el primer sábado son ley antibotellón en Sevilla. Y la verdad es que acabé con un cabreo de mil pares de cojones.

Para empezar, las formas del programa huelen al más rancio antiandalucismo propugnado desde siempre por los señoritos de Telecinco. Cogen y nos ponen a los sevillanos como unos borrachos, pero sutilmente, con el titular. La presentadora dice lo siguiente: “Y a continuación vamos a ser testigos del primer fin de semana sin botellón en Sevilla. ¿Cómo está la cosa en la capital andaluza?”. Por lo visto en nuestra ciudad, el alcoholismo callejero es una forma de vida indispensable, algo totalmente único y peculiar de aquí, y que por supuesto no se puede ver en ningún otro sitio. Bien empezamos.

Luego, lo primero que se nos muestra en el vídeo son varios coches de la local empetaos de bolsas con bebidas de todo tipo, hielos, vasos, etc. Vamos, lo último que me quedaba por ver: los locales son unos héroes. Inaudito.

Luego, salen los inútiles estos echando de la Plaza Nueva a un grupo de jóvenes que se encontraba consumiendo alcohol en la calle. En principio ningún problema. La lay así lo dice, y está para cumplirla. El problema viene con la siguiente secuencia, en la que se observa cómo varias parejas de estos fracasados con uniforme echan de una calle próxima a la Alfalfa a un buen grupo de jóvenes, alegando que están molestando a los vecinos. Algo increíble, si se tiene en cuenta que no estaban consumiendo alcohol ni nada. Simplemente estaban charlando en la calle, un espacio que es de todos.

Ahora, los reporteros nos deleitan con la intervención de una vieja de estas quejicas, que afirmaba que a las 4 de la mañana su calle era la gloria. Que no se escuchaba ni un alma. Que ya no habría basura acumulada durante días en la calle. Ella lo agradecía mucho, ya que había llegado a perder incluso un oído por culpa del ruído de las personas que se congregaban antes ahí. Incluso llegó esta señora a afirmar que ahora pasan hasta los Tussam. ¡¡Los Tussam!!

Ante esta sarte de mentiras, no queda otra cosa que contestar con verdades. Primero, señora, me extraña mucho que usted perdiera el oído por los ruídos de la calle. Es algo cuanto menos sospechoso. Luego, le tengo que decir que para algo está Lipasam, para limpiar residuos. Y eso lo hacen eficazmente cada fin de semana. Y por último… a las 4 de la mañana no hay Tussam, señora. No intente tangarnos. No os podéis imaginar el coraje que me dan los putos viejos estos que sólo saben quejarse y tacharnos de alcohólicos y niñatos enterados, que no damos un palo al agua. Pues creo que no deberían decir tanto, porque creo que somos los que les pagaremos las pensiones.

Pero claro, cuando los jóvenes llevamos las de ganar… aparece de lleno la influencia de la clase vieja, que tiene que salirse por cojones con la suya. Así pues, el reportaje da una vuelta de tuerca a favor del reaccionarismo, al presentarnos a los típicos inútiles que se van a la Cartuja a poner el bombo a toa leche y a pegar voces. De hecho, el tontopoya que sale al principio de la secuencia, en primer plano además, afirma que “el bombo [de su coche] tiene mil watios, y voy a hacer todo el porculo que pueda”. Inútiles descerebrados como este son los que sireven de estereotipo a una juventud mucho más plural y respetuosa como la sevillana, integrada además por muchos forasteros (de otras provincias y de zonas cercanas también).

Pero claro, la TV se pone al servicio de los intereses de los poderes fácticos, en este caso un alcalde inútil que se baja los pantalones ante la influencia de los viejos quejicas. Pues muy bien. Al final, la Primera hace con su reportaje buenos a los malos, y luego a las personas honradas como nosotros nos dan mucho porculo.

Ahora bien, tengo otra reflexión más profunda. ¿Ha vuelto el toque de queda? A partir de cierta hora, los locales trabajaran algo (que ya es mucho para ellos) para impedir que los ciudadanos normales, que no hacen otra cosa que pasar un buen rato charlando con los colegas, no puedan ejercer el propio derecho de libertad a estar en un sitio público. Es más, si me echan de un sitio, ¿a dónde me van a mandar? ¿A la Cartuja, al centro del mundo y donde hay unas infraestructuras de conexió con el resto del mundo espléndidas? Claro, el sitio perfecto, como allí no hay nada… (típico discurso del gobierno local: “En la Cartuja no hay nada, vamos a meter allí lo que no sobre en el centro.”).

Y si a mí me da la gana de estar en la calle, ¿qué pasa? Y si a mi me da la gana de ir con tres o cuatro amigos más y nos vamos bebiendo un botellín cada uno, ¿nos van a multar? Y qué pasa con las terracitas. Esas están en la calle. ¿También van a quitar a la gente de ahí? En definitiva, una ley al más puro estilo Franco años 50. Reaccionarismo puro y toque de queda.

Una nueva muestra del ejercicio cratocrático del poder: yo hago lo que me sale de los cojones, y en su defecto, lo que deje contento a los que me votan, o pueden votarme. Y mientras tanto, a los jóvenes que nos den porculo. Mucho porculo. Desde luego, al paso que vamos es que nos lucimos. Viva Sevilla. Viva la democracia de palo.

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4 comentarios on “La ley del toque de queda”

  1. FeRnAn dice:

    Lo primero de todo, tengo que decir que España Directo lo odio, y no sólo por el reportaje que has nombrado, también por otros muchos.Segundo, lo de que echen a unos chavales que ni estaban bebiendo ni nada me parece lo más fuerte, es lo que tu dices, un puro y duro toque de queda.Vale que si tal vez estuvieran bebiendo, pues vale, es la nueva ley, pero si estaban simplemente allí charlando con los amigos y de repente los echan…No se Jesu, esto simplemente no lo entiendo.

  2. Pablo López dice:

    Hombre, la verdad es que la imagen que ofrece la juventud española es muy mala, pero a mi no me parece mal que no dejen beber en la calle, ahora lo que deberían hacer es procurar que las bebidas estén más baratas en los bares.En cuanto a los jóvenes que echaron sin estar bebiendo es incomprensible.

  3. Bukowski dice:

    ¿Y quién va a votar al PSOE en las próximas elecciones municipales?¡YOOO… Nooo!(¿Quién es el que dice siempre “yo… no”? ¿Quién? “Yo… no” ¡A por él!)

  4. Ladino peón dice:

    Yo tampoco!!!


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