Guerra mediática y derechos personales

Acabo de ver algo increíble en la tele. Algo que me ha hecho saltar del sofá para escribir esto sin perder un solo segundo. Acabo de asistir a la prohibición de un documental.

Resulta que Tele 5 tenía programado para la noche de hoy, tras la serie El comisario, la emisión de un documental sobre la vida de El Pescaílla, el que fuera marido de Lola Flores (q.e.p.d.), titulado El marido de Lola. Pues bien, aparece la cabecera del programa, y tras ella un Jorge Javier Vázquez muy serio, que inmediatamente comienza a explicar la situación: dos policías se personaron en los estudios de la cadena una hora y media antes del comienzo de la emisión del programa, portando con ellos una orden del Juzgado de Insrucción de Jerez de la Frontera, mediante la cual se prohíbe la emisión del documental.

Junto a la orden, una declaración de Dolores Suárez, madre de un supuesto hijo secreto de El Pescaílla (esta info es susceptible de contener errores, dada mi desinformación acerca del tema). El presentador la leyo en su totalidad, pero grosso modo viene a resultar un alegato en contra de de los medios utilizados para la realización del programa, véase cámaras y grabadoras introducidas en la vivienda de esta mujer, gracias a las cuales se tomaron imágenes y sonidos sin el consentimiento de la dueña. Asimismo, la sra. Suaréz pide que no se emita el programa.

Tras esta breve explicación, Jorge Javier Vázquez carga contra el juzgado (sin citar en ningún momento a la autora de la denuncia), puesto que, afirma el presentador, “es totalmente injusta esta forma de proceder con el fin de impedir un acto de información”, al tiempo que denuncia que “no se ha ofrecido a Tele 5 ninguna posibilidad de rebatimiento de los argumentos”, los cuales fueron tildados de “injustos” por el propio Vázquez.

Así pues, he sido espectador de lujo de una guerra mediática en toda regla, ganada, como era de esperar, por la autoridad civil, ya que el documental, como antes he aclarado, no se ha emitido finalmente dada la prohibición existente.

Ahora bien, esto es un buen tema para relacionarlo con el de la libertad, si bien tirando por otros cauces: ¿hasta dónde llega la intimidad de las personas, tantas veces vulnerada por los cutreprogamas amarillistas? ¿Quién lleva la razón, la mujer o la cadena? ¿Priman derechos personales o intereses económicos?

Elucubren, comenten y debatan. ;)

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5 comentarios on “Guerra mediática y derechos personales”

  1. Bukowski dice:

    A mí me parece lógico y hasta bueno. Los que determinan dónde termina la libertad de información (si es que eso es información) y de prensa (si es que eso es prensa) no es nadie más que la Justicia. Y si la Justicia española ha decidido, según los datos que tiene, que el documental no debe emitirse porque vulnera los derechos civiles de una persona (y estoy seguro de que lo hace), pues magnífico, que no se emita. Total, y poniéndonos cínicos, fijo que el documental iba a ser una puta mierda.

  2. Pablo López dice:

    No me parece bien todo el tema de los micrófonos ocultos… hay que tener en cuenta la libertad de las fuentes y que en este caso se saca información sin su consentimiento.Estoy de acuerdo con la justicia.

  3. Beiya dice:

    A mí me parece muy bien lo que pasó. Si ha habido una intromisión en la vida de esta señora sin su consentimiento y toma acciones legales, me parece lo más lógico. No lo sería que fuera a decirlo a un programa cobrando dinero.Y al margen de las cámaras y micrófonos ocultos, se ha estado ventilando la vida de esta mujer y su relación “secreta” con el Pescaílla a bombo y platillo, cuando es algo que pertenece a su intimidad y que debe ser ella el decidir a quién se lo cuenta. Esto del corazón me parece una pasada, con la excusa del derecho a la información se meter en la vida de las personas y muchas veces las difaman con una tranquilidad pasmosa…

  4. FeRnAn dice:

    Lo que más pena me da es la gente que se mete en la carrera de periodismo para hacer programas del corazón…

  5. Jesu dice:

    Esto del corazón me parece una pasada, con la excusa del derecho a la información se meter en la vida de las personasMe ha llamado la atención esta frase, puesto que es cierta, pero más que nada lo de el derecho a la información. ¿Qué coño me importará a mí la vida de esta señora ni la de ninguno de los paquetillos que pululan por los platós de estos cutreprogramas?


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